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Ingeniería estructural al servicio de la gente: la experiencia de SismoAyuda en Venezuela y Colombia

Ingenieria Estructural

 

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El 24 de junio de 2026, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia. Dejaron más de 5.000 víctimas mortales y decenas de miles de familias con una única pregunta encima: ¿puedo volver a mi casa? Esa pregunta no la responde una donación ni un titular. La responde un ingeniero estructural, con un criterio, un estándar y un método.

Escribo esto desde mi doble condición: soy Ingeniero Civil especialista en Ingeniería Estructural, Máster en Gestión de Ciudades e Infraestructuras Inteligentes, hoy BIM Manager en una importante empresa del sector de las infraestructuras en Catalunya y formador; además, durante varios años, fui General Manager de INESA TECH donde me mantengo como coordinador de su área de capacitación BIM. Muchas veces nos ha tocado explicar que el BIM es gestión de la información antes que software. En las semanas siguientes al sismo tuve que comprobarlo en las peores condiciones posibles. Hoy trato de contar como esa formación técnica dejó de ser el contenido de un curso y se convirtió en capacidad de respuesta ante una inmensa crisis.

 

 

1. La emergencia no fue un problema de cálculo: fue un problema de información

Los días posteriores al sismo no faltaban profesionales de la ingeniería y arquitectura dispuestos a ayudar. Faltaba algo más básico: un lugar donde depositar lo que cada uno sabía, con un formato común, para que sirviera de algo más allá del grupo de WhatsApp en el que se había generado. Había fotografías dispersas, listados en hojas de cálculo de todo tipo, criterios distintos para la misma evaluación y ninguna forma de saber qué edificaciones ya se habían revisado o cuáles estaban en peores condiciones.

Quien viene de gestionar proyectos bajo metodología BIM reconoce ese cuadro de inmediato: es exactamente lo que ocurre en un proyecto sin Entorno Común de Datos (CDE), sin roles definidos y sin requisitos de información acordados. La diferencia es que allí el coste se mide en retrabajos y sobrecostes, y aquí se medía en familias durmiendo en la calle sin necesitarlo, o, peor aún, volviendo a un edificio que no debía ocuparse.

Así nació SismoAyuda VE: no como una aplicación, sino como la decisión de tratar una emergencia como lo que era, un problema de gestión de la información con consecuencias estructurales y humanitarias.

 

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2. Estándares antes que herramientas: ATC-20, EMS-98 y el formulario oficial

La primera decisión técnica no fue elegir tecnología. Fue elegir estándares. La evaluación remota se ancló al ATC-20 y a la escala macrosísmica EMS-98, y la inspección presencial se digitalizó sobre el formulario oficial aprobado por el Estado venezolano, sin intentar inventar un formato propio que duplicara esfuerzos.

Puede parecer una decisión menor. No lo es. Es la misma lógica por la que en un proyecto BIM se define primero el marco (requisitos de información, niveles de detalle, formatos de intercambio) y solo después se abre el software. Un estándar preexistente aporta tres cosas que ninguna herramienta puede improvisar: legitimidad ante las instituciones, comparabilidad entre evaluadores y capacidad de auditoría posterior.

 

 

Del criterio individual al criterio compartido

Un ingeniero con experiencia sabe leer una grieta o un fallo en un elemento. El problema aparece cuando son cientos de ingenieros leyendo miles de grietas en paralelo, cada uno con su propia escala personal de gravedad. El estándar es lo que convierte esos criterios individuales en un criterio compartido: no sustituye el juicio profesional, lo encuadra.

Ahí es donde la formación técnica se vuelve determinante. Un profesional capacitado en metodología estructural y en gestión de información entiende por qué debe registrar lo que registra, qué significa cada categoría y qué consecuencias tiene clasificar mal. Un profesional formado únicamente en el manejo de una herramienta puede rellenar la ficha, pero no puede sostener el criterio detrás de ella. En emergencia, esa diferencia es el factor más determinante.

 

3. El dato como entregable: trazabilidad, georreferenciación y fuente única de la verdad

En BIM insistimos en que el modelo es la fuente única de la verdad y en que cualquier documento derivado debe poder rastrearse hasta él. En SismoAyuda trasladamos ese principio literalmente: el entregable no es el informe, es el dato verificado, georreferenciado y trazable.

Cada edificación reportada por un ciudadano con fotografías y datos básicos, entra en un sistema donde queda vinculada a quién la evaluó, cuándo, bajo qué estándar y con qué evidencia gráfica. Sobre esa base se construye un ranking de criticidad que combina la severidad del daño con el impacto social de la edificación, de modo que un centro educativo o un ambulatorio dañado no compita en igualdad de condiciones con una edificación sin uso.

El resultado, con fecha de corte del 19 de agosto de 2026: más de 14.000 evaluaciones verificadas entre ambos módulos y más de 11.000 profesionales técnicos registrados, con un conjunto del orden de 60.000 fotografías vinculadas a una valoración técnica. Las cifras vivas están publicadas en www.sismoayudave.com/estadisticas.

 

 

4. Doble validación: evaluación remota e inspección presencial

La plataforma opera con dos módulos que se alimentan mutuamente. El módulo remoto permite que ingenieros y arquitectos voluntarios (desde Caracas, Barcelona, Bogotá o cualquier parte del mundo) evalúen a distancia las edificaciones reportadas a partir de fotografías y datos aportados por los afectados. El módulo presencial lo operamos en conjunto con el Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV), que adoptó SismoAyuda como herramienta oficial de coordinación de su operativo nacional: brigadas organizadas por zonas, inspección firmada y trazable, formulario oficial digitalizado.

La evaluación remota da velocidad y cobertura sin desplazar equipos; la presencial da validez técnica y firma profesional. Juntas producen un punto de dato doblemente validado que ninguno de los dos módulos alcanzaría por separado. Al 20 de agosto, el operativo del CIV acumulaba más de 11.500 inspecciones registradas.

La plataforma no sustituye a la autoridad competente. Las evaluaciones son preliminares y orientativas, y la habilitación o inhabilitación definitiva de una edificación corresponde en exclusiva a las autoridades. Definir esa frontera desde el primer día fue tan importante como definir el estándar.

Esa disciplina de datos tuvo una consecuencia que no habíamos anticipado: el Banco Mundial citó a SismoAyuda VE como fuente de datos en su informe GRADE Venezuela 2026, tanto en los agradecimientos como en el anexo de fuentes. Un dataset generado por voluntarios acabó siendo utilizable por un organismo multilateral. No por potencia de cálculo, sino por trazabilidad.

 

 

 

5. Replicabilidad: de Caracas al Chocó en menos de doce horas

El 10 de agosto de 2026, un sismo de magnitud 7,4 golpeó el Chocó, en Colombia. En menos de doce horas estaba operativo sismoayudaco.com, con el mismo método, los mismos estándares y una organización local como socia de terreno. En los tres primeros días se sumaron cerca de 500 nuevos voluntarios.

Esa velocidad no fue improvisación: fue la consecuencia directa de haber trabajado con estándares abiertos, procesos documentados y una arquitectura pensada para no estar atada a un país. Es el mismo razonamiento por el que en BIM defendemos la interoperabilidad y los formatos abiertos frente a las soluciones cerradas: lo que está bien estructurado se puede volver a desplegar; lo que está hecho a medida de un caso, muere con ese caso.

Colombia no fue un piloto planificado. Fue la prueba, en condiciones reales y no elegidas, de que el método era replicable. Hoy, usando la plataforma se han inspeccionado alrededor de 2.500 edificaciones de forma remota, aumentando significativamente la base de datos.

 

 

Lo que el BIM enseña y la emergencia confirma: 20 % tecnología, 80 % procesos y personas

Hay una frase que repetimos muchas veces en programas de formación: el BIM es un 20 % tecnología y un 80 % procesos y personas. Iniciativas como esta lo demuestran claramente.

La tecnología detrás de SismoAyuda es deliberadamente sobria y la desarrollamos entre un equipo pequeño de voluntarios. Lo que realmente sostuvo la operación fue otra cosa: roles definidos (quién evalúa, quién revisa, quién valida, quién publica), un flujo de trabajo explícito, un repositorio único donde toda la información converge y una cadena de responsabilidad que permite responder, ante cualquier dato, quién lo produjo y con qué criterio. Es la arquitectura de la ISO 19650 aplicada fuera de un proyecto de edificación: requisitos de información claros, entorno común de datos y trazabilidad de principio a fin.

También aparece aquí el papel de la inteligencia artificial, y conviene ser preciso. Estamos diseñando y prototipando una capa de triaje asistido que ayude a priorizar el enorme volumen de reportes entrantes. No sustituye la verificación estructural: hoy la verificación es 100 % humana, y lo es por diseño. El profesional permanece en el bucle porque la decisión de si una familia entra o no entra en su edificio no se delega en un modelo. La tecnología ordena la cola; el criterio técnico decide. Este será uno de los grandes aportes futuros de nuestra experiencia

 

Conclusión: la formación técnica también es infraestructura social

De todo esto me quedo con una idea que no esperaba encontrar cuando empecé.

Cuando ocurre un desastre, la ayuda material llega. Llegan donaciones, llega logística, llega voluntad. Lo que no llega, lo que no se puede improvisar en 48 horas, es criterio técnico organizado: gente capaz de aplicar un estándar de evaluación, de estructurar información para que sea comparable, de sostener la trazabilidad de una decisión y de decir con precisión qué sabemos y qué no. Eso no se compra: se forma, con años de antelación y sin saber para qué va a servir.

Formarse en ingeniería estructural, en metodología BIM y en gestión de la información no es únicamente una decisión de carrera. Es acumular, sin saberlo, una capacidad de respuesta que un día puede ponerse al servicio de alguien que ha perdido su casa. En Venezuela y en Colombia, miles de profesionales pusieron esa capacidad a disposición de personas a las que nunca conocerán, y lo hicieron con el mismo rigor con el que firmarían un proyecto.

Esa es, para mí, la mejor razón para tomarse la formación técnica en serio: porque el sector AECO no solo construye edificios. En determinados momentos, es lo único que hay entre una familia y una decisión que no puede tomarse a ciegas.

Ahora, pasada la emergencia, comenzamos el largo camino de la reconstrucción. Esto apenas comienza.

 

 

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