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Zero Energy Buildings: avance hacia prácticas más sostenibles en el sector de la construcción

Al día de hoy, a pesar de los múltiples avances tecnológicos implementados en las últimas décadas, la industria de la construcción continúa siendo uno de los sectores económicos que mayor impacto ambiental genera en el planeta y uno cuyas prácticas se encuentran aún lejos de poder considerarse sostenibles y eficientes energéticamente. Sin embargo, progresivamente comienzan a surgir tendencias y alternativas que nos permiten movernos hacia esquemas más racionales no solo en la forma en la que construimos nuestros edificios, si no en cómo los operamos una vez estos abren sus puertas. Así, ante la necesidad y el esfuerzo colectivo que hacen los países por cumplir con acuerdos internacionales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, cobran fuerza conceptos como el de los Zero Energy Buildings o Edificios de Energía Cero.

Normalmente, la incorporación de un nuevo edificio al espacio urbano trae consigo un incremento del consumo energético debido a las actividades que en él se desarrollen, sean estos habitacionales, gubernamentales, comerciales o industriales. De esa forma, no solo se genera un incremento de la demanda sobre las redes energéticas locales, sino que, si estas no son alimentadas mediante fuentes limpias y renovables, el edificio dejará una huella de carbono significativa durante toda su vida útil.

Los Zero Energy Buildings por su parte combinan aspectos de optimización en el diseño con el uso de tecnologías de gestión energética, materiales verdes y fuentes de autogeneración como paneles solares o generadores eólicos de pequeñas dimensiones para reducir su consumo global de electricidad hasta un punto en el cual este pueda depender de su propia infraestructura.

Considerando que los sistemas de autogeneración actualmente en uso dependen en su mayoría de las condiciones climáticas, cuando estas no son óptimas el edificio pasa a tomar energía de la red pública, mientras que cuando sí lo son, a través de ellos produce una cantidad suficiente para cubrir su demanda, almacenarla o en los casos más avanzados, en aquellos sitios que cuentan con redes energéticas inteligentes, devolver el excedente a estas balanceando los consumos en los que en algún punto haya incurrido.

Estos edificios, mediante un diseño especializado, dependen en menor medida de sistemas de control de temperatura y cuando lo hacen, manejan estos de forma óptima mediante tecnologías digitales, lo mismo sucede con las necesidades de iluminación y otras, permitiéndoles consumir de base hasta 50 o 70% menos energía eléctrica que edificaciones tradicionales, logrando que los sistemas de autogeneración sean capaces de abastecerlos sin necesidad de incurrir en inversiones excesivas.

La existencia de estos edificios no es un asunto del mañana, existen ya miles de ellos repartidos por varios países que han representado grandes ventajas para sus dueños, usuarios y para la colectividad, ya que suelen ser más cómodos, más sostenibles, más confiables al no depender exclusivamente de las redes públicas de energía y más económicos de operar en el largo plazo debido a estos aspectos de eficiencia lo que ha permitido que el concepto continúe esparciéndose por el mundo con cada vez más fuerza.

En la imagen de portada se observa el VODAFONE Site Solution Innovation Centre en Sudáfrica, que, entre otros aspectos de eficiencia energética produce el 215% de la electricidad que consume.